COMENTARIOS CRÍTICOS

 

 


 

 

 

 

 

SELECCIÓN DE COMENTARIOS CRÍTICOS

 

 

 

 

Que yo recuerde sólo he puesto unas humildes líneas al gran Genovés y a Carreño.

Escribir algo sobre Diego Gadir tiene, además, una dificultad añadida: que él mismo escribe- lo cual le convierte en un ser peligroso- (…)

Ahora bien, lo que nadie puede escribir es lo que YO SIENTO frente a los cuadros de Gadir, una muy rara sensación de sana inquietud positiva. YO VEO un drama latiendo en cada cuadro y pese a todo, no es triste.

Sus óleos y sus dibujos –todos han elogiado lo buen dibujante que es y A MI me importan un bledo las matizaciones de técnicas y soportes- ME resumen buena parte del arte de este siglo (XX), como si todos los “ismos” se citaran sobre la cabeza del pintor y lo llevasen de la mano desde Picasso a Bacon por citar sólo a dos.

Claro que, cuando eso ocurre, cuando se juntan todos los “ismos” en un resumen o en una cabeza, nace un “ismo” nuevo que se convierte en la madurez sentimental del artista: en este casi el “gadirismo” que morirá con Gadir.

                                                                               Andrés Aberasturi               

 

 

Siempre motivado por una evidente vocación poética, sorprende su marcado sentimiento religioso, místico (…) Sin embargo y lógicamente, parece que sus palabras no sólo coinciden con sus dibujos y pinturas, sino que estos, comunican ante todo una preocupación importante por la forma, que no sólo por la idea: “siento la espiritualidad como algo que se ofrece a los demás”, según sus propias palabras, y lo que un pintor ante todo puede ofrecer es el resultado plástico de ese estado, que con frecuencia puede adquirir tonos apesadumbrados, de respuesta a una inquietud y a un malestar en el que se ve inmerso el artista al estar en contacto con la realidad (…) En realidad toda su obra actual es un canto a esos nobles sentimientos y deseos, a esa luz que, aunque fragmentada, debe iluminar nuestras vidas por necesidad (…) Por ello, Diego Gadir presenta un mundo fragmentado como símbolo de la espiritualidad rota del ser humano, un mundo fragmentado sólo formalmente, aunque todavía íntegro y firme en sus valores.

                                                                            Pedro Alfageme Ruano 

 

 

Gadir es el sentimiento desbordado, la pasión por la forma, la incorporación del color abstracto a la figura, la textura de la piel, la línea que lo desborda todo, la fugacidad del gesto, el temblor del hallazgo intelectual, el rigor del pensamiento profundo (…) Gadir ocupa un lugar de relieve sostenido por un prestigio indiscutido (…) Es uno de los pintores sobresalientes de la España actual (…) Su feroz independencia, su intuición artística, su excepcional calidad plástica le permiten caminar por la frontera de la vanguardia sin romperla ni mancharla.

                                                                                    Luis María Anson

  

 

Diego Gadir es uno de los más importantes dibujantes españoles de hoy (…) Y un pintor sorprendente, intuitivo y vital, barroco y simbolista y, sin embargo, nuevo y diferente, empapado del aire de su tiempo, rabiosamente actual, convencido y sincero. (…) La espontaneidad de la línea, la libertad de la mancha cromática y el rigor de la ejecución (…) El pintor andaluz Diego Gadir tiene ya su nombre escrito en el futuro (…) Debe figurar entre los más interesantes artistas figurativos del momento.

Mario Antolín Paz 

 

 

Cuando paseo por el muelle de Cádiz veo remolcadores de Gadir y cargadores de espaldas anchas como él.

Es un pintor que lucha en cada cuadro con la materia creando sus sueños. Retratista del alma cuando hay alma en el retratado. Pero sobre todo es pintor de la mujer. La mujer desnuda, sola, hermosa. El simbolismo sagrado del sexo sin vergüenza ni culpabilidad. Una occidentalización de los anónimos juegos del Kamasutra de Vatsyayana o de los libros de cabecera de China y el Japón del periodo Kamakura.

Es un pintor que domina el óleo, las tintas, las acuarelas, las témperas… Es decir, domina su oficio. En estos momentos en que el arte contemporáneo avanza por los derroteros de la fotografía y las esculturas que parecen creadas por Walt Disney, es difícil creer que un Ingres, un Van Dyck o un Ribera no estén de moda. ¿Quién ha dibujado mejor que ellos? Estoy hablando del oficio de pintor. Del arte y dominio del trabajo digno y bien realizado de Diego.

José Blázquez de Cádiz

 

 

Diego Gadir ha concebido su pintura como un compositor una melodía o un poeta un canto a la naturaleza. Me refiero, sobre todo, a esa alianza entre el rigor y la libertad, la técnica y la imaginación, que otorga a la obra del pintor gaditano un privilegio infrecuente: el de ser absolutamente moderna y no contradecirse por ello con un notable magisterio clásico. Pienso de modo muy especial en esos rotundos y espléndidos dibujos que, sin obedecer a ningún canon académico, pertenecen a la gran estirpe tradicional del arte. Insisto en lo mismo, lo estrictamente contemporáneo queda aquí vinculado a lo propiamente intemporal (…) La poética de Gadir trasciende los límites de su pintura y su dibujo y se instala en la escritura. He leído algunos textos suyos -en prosa y verso- y resulta sorprendente la similitud de objetivos de quien observa la realidad con los ojos de un pintor y de quien lo hace con la mirada de un poeta. Me parece por lo menos significativo que ocurra así, y que una pintura como la de Gadir, tan rebosante de emociones y vehemencias, también encuentre en la literatura un fértil vehículo comunicativo, otra manera de explicar el mundo (…) La elegancia compositiva, la extraordinaria pericia caligráfica, el uso de un cromatismo gestual o apacible, de unas formas vociferantes o silenciosas, son atributos que enaltecen por sí mismos la ejemplaridad intachable del gran pintor gaditano.

 José Manuel Caballero Bonald

 

 

Gadir representa para mí un gozoso descubrimiento. El gaditano establece un escenario de pasiones y sentimientos con desnudos plenos de fuerza.

Josep María Cadena 

 

 

 

Hay banderas y lágrimas, herramientas y nubes, soliloquios, amaneceres de plomo y angustias transparentes; todo el hoy se comprime en una exhalación o un aullido; también está la lluvia, está el mar… Y está una sala de un cine donde Diego Gadir me enseña, en el intermedio, sus dibujos. Desde entonces creo en él. Luego he visto sus cuadros, para afirmarme. En pintura se puede hacer de todo y no hacer nada, también hacer de cada trazo, de cada pincelada, una aventura. Éste es su caso.

 Bernardo Víctor Carande

 

 

Salve, Diego, eres, ¿no lo sabías?, un pintor galáctico, tan cosmocráticas son tus actitudes de traducir a Dios mediante la morfogénesis de símbolos, señales y ruidos pictóricos. Nos cuesta perdonarte que infectes el humanódromo con tantos ergios de poderío estético. La violenta ternura que exudan estos óleos sobrepasa la capacidad humana. Tú debes ser, como mi admirado Turner, otro comisionado del Gran Embellecedor de todo cuanto existe (…) Me temo, sin hipérboles ni exageraciones al canto, que Gadir es uno de los excelsos pintores de este orbe ancho y ajeno, un forjador que expresa lo trascendente bajo el artero disfraz de magnificencias corporales (…) ¡Chaim Soutine que estás en los cielos: vuela raudo, maestro, a homenajear a tu aventajado chela! Pido la oteriana paz y la palabra para el también poeta don Diego Gadir, quien en alegoría erótica tan cara al artista, nos ha dejado con el alma en erección, como Dios manda.

Darnaude-Rojas Marcos

Mariluz & Ignacio

                                                                                                          

         

Siempre es raro encontrar coherencia en tiempos convulsos, a alguien empeñado en ir contracorriente, en luchar por no doblegarse a las tendencias marcadas. Diego Gadir es un clásico que nació en el tiempo de la confusión (…) La pintura de Diego Gadir es un horizonte de piezas insólitas: bodegones y cuerpos desnudos en los que late todo un mundo prohibido, algo que no se siente en otras obras aparentemente imbricadas en el discurso provocador de lo contemporáneo (...) Viajar ha viajado por toda Europa y se conoce los caminos de todas las vanguardias. Sin embargo, él ha optado por rastrear en lo invisible de lo cotidiano –que de eso se trata en el arte- con una figuración para nada previsible (…) Lo sorprendente es que en su obra se detectan todos los ismos del siglo XX. A ratos su pincelada se vuelve fauvista, intensamente expresionista, con bodegones que recuerdan el primitivo cubismo que insinuaba Paul Cézanne o con el repertorio mítico de surrealistas como Chagall (…) Por un lado, los sueños flotantes y las escenas imposibles de Chagall y, por otro, la estética desgarrada y expresiva de Kokoschka (…) Sin embargo, lo más importante es lo que parte de la crítica ha llamado el gadirismo, es decir, el estilo Gadir. 

(...) Hay quien define a Gadir como un epígono de una estética que hoy no tiene sentido. Sin embargo, no hay más que seguir la trayectoria de este artista para comprobar que puede que lo revolucionario y provocador no resida sólo en el cambio de las formas experimentado por los gurús y los enfants terribles de la nueva estética. Hay quien hace vanguardia apelando sólo a un cambio en la estética,  pero en la pintura de Gadir hay una revolución de intenciones, de fondos, de silencios, de un discurso interior que crispa cuerpos y bodegones.

Eva Díaz Pérez  

 

 

Mi recuerdo más reciente de Diego Gadir (Cádiz, 1965) fue la censura sufrida por el artista al clausurársele una exposición en el Monasterio de Santa Clara de Moguer en 1998 acusado del erotismo indudable de sus pinturas, mientras un año después un visitante ejercía como conservador de la hipócrita moral de la derechona destruyendo el cartel anunciador de la muestra que sobre su obra se celebraba en el Real Alcázar de Sevilla. Ahora retorna al foro capitalino donde ya ha obtenido éxitos en etapas anteriores. 

Carlos García-Osuna

 

 

El pintor Diego Gadir, Cádiz 1965, es una figura a tener en cuenta por su importante trayectoria dentro del mundo de las artes. Pintor, escritor, magnífico dibujante, la producción plástica e intelectual de este gaditano es digna de reconocimiento (…) Gadir es un artista inquieto, de talante indagador y aventurero, fiel a pocos pero sólidos principios éticos y estéticos, entre los que figura, el primero, la libertad de expresión en el acto casi amoroso de pintar (…) Desde el sentimiento de plenitud hasta las profundas tinieblas que pueden llegar a perder, todo está plasmado en el lenguaje apasionado, certero, vivaz de Diego Gadir.

Amalia García Rubí

 

 

 

Magia, sensualidad, misticismo y sobrecogimiento son algunas de las sensaciones que se pueden percibir cada vez que se contempla un cuadro de Diego Gadir.

Andrés Glez. Barba

 

 

 

De Diego Gadir quiero destacar su manierismo lírico que propone siempre una lectura elegante y cadenciosa del dibujo.

Pablo Jiménez Burillo  

 

 

 

Un trazo fino, pero definido, envuelve estos cuerpos voluptuosos. Es un trazo en el que se reconocen las herencias mediterráneas de Picasso, junto con una sutileza oriental, que sobre todo se percibe en el tratamiento de las hermosas mujeres, con pelo negro y ojos rasgados (…) El trazo limpio, rápido, seguro es el componente fundamental de los dibujos de Gadir.

El pintor acentúa los detalles más importantes de sus dibujos a través de suaves notas de color, magistrales deslizamientos de tonalidades, en una rodilla, una cadera, un muslo (…) Témpera, óleo, sanguina son distintas técnicas que Gadir usa con sabiduría (…) en contraposición a sus dibujos, las líneas desaparecen, abundan los colores en todo su esplendor, incluso el color negro (quizás porque es por herencia el mayor representante de la línea), apenas aparece.

Natalia Molinos

 

 

 

El dibujo aparece como un impulso superior a su voluntad, intrínseco a su forma de ser y de pensar, como una necesidad existencial y una práctica de creación y expresión que, desde su infancia, utiliza para comunicar sus inquietudes plásticas.

Se trata de un dibujo excepcional con una línea de camino directo, sin vacilaciones (…) Una visión cromática espectacular, cargando las tintas, con una pincelada ágil y suelta, de primera intención. Al tiempo, es fácil apreciar que toda su obra se construye en base a una emotividad, que llega al espectador por el camino de los sentimientos. Estamos ante un artista de infinitas posibilidades. Escribe prosa y poesía. Canta como los ángeles andaluces...

Enrique Montenegro

                                                                                           

 

    

Diego Gadir ha venido siendo un pintor muy particular, con muchos episodios a su favor para convertirlo en un artista diferente, con todos los aditamentos necesarios para no pasar desapercibido en medio de esa medianía tan descorazonadora que ha existido en nuestra actual creación plástica (…) Pintura expresionista que fue tremendamente rigurosa, exquisita y llena de particular sentido pictórico y que ahora se ha vuelto apasionada, marginal y casi salvaje (…) Los dibujos de quebrada composición, dulce y equilibrado erotismo y bella argumentación espiritual; los paisajes, de vehemente cromatismo y exacta disposición representativa; los retratos, donde la potencia expresiva no resta capacidad alguna a la fidelidad del retratao y, así, toda una galería de situaciones donde se conjugan todos aquellos asuntos que hacen a una obra poderosa y espiritual a un mismo tiempo(…) Una vez más, pese a quien pese, Diego Gadir se nos presenta exultante, apasionado y apasionante, lleno de muchos de los esquemas que faltan a los interesados pontificadores de la nada.

Bernardo Palomo

 

 

 

Diego Gadir, una obra en la que hay un arriesgado y bien resuelto desafío a las proporciones.

José María Parreño

 

 

 

A Diego Gadir, que hace bien creyendo en la inspiración y confesándolo a su manera, hay que echarle de comer aparte. Leyendo sus reflexiones sobre su trabajo de pintor y sobre todo, viéndolas efectuadas sobre el papel o las telas, puede llegarse a pensar que, en beneficio de la pureza y vibración de su trazo, si de pintar un caballo se tratara y le sirvieran el modelo embarazosamente ensillado, Diego Gadir sería capaz de comerse la silla de montar para pintarlo sin estorbos. Cocida o cruda.

Fernando Quiñones

 

 

 

En los bodegones y desnudos de Las manos manantiales, o de nuevo en los desnudos de Los patos mandarines y El vientre, su pintura y sus diseños aparecen infundidos de ansias trascendentes. En las naturalezas muertas, los colores del artista –cálidos, violentos y fluidos- no se hallan al servicio representativo de una realidad exterior sino en función creadora de un mundo, que amanece ardiente a la vida (…) En varios de los muchos desnudos femeninos de Gadir -casi siempre de la misma modelo, como Dalí pintaba reiterada y obsesivamente a Gala-se advierte la legítima influencia de Jules Pascin. Aquella sed de absoluto, que antes comentamos, se expresa de manera manifiesta en estas figuras de los dos pintores, tanto más trascendentes cuanto más carnales. Afirmaba Aldous Huxley que a todas las mujeres desvestidas de Pascin, juraríamos que el artista acababa de hacerles el amor. A las figuras desvestidas de Gadir, creeríamos que vino a crearlas, en prodigiosas carnes vivas, para amarlas. Dicho sea de otro modo, para hacerlas suyas, por siempre jamás, a través de aquel lenguaje plástico que llamamos propio, inalienable y nunca susceptible de someterse a obras o voces ajenas.

Carlos Rojas   

 

 

 

Ojeamos la gruesa monografía de Diego Gadir (el cronista tiene este libro siempre a mano ya que le gusta el dibujo tanto como el dibujo erótico) (…) A nosotros se nos ocurre que es muy difícil que un dibujante tan destacado –un dibujante que, además, cultiva un trazo muy personal y entiende el desnudo de un modo absolutamente peculiar- se sienta a gusto allí donde la línea ya no ejerce su influencia con la misma intensidad y donde el color impone inexorablemente su ley (…) Basta, por otra parte, con echar una ojeada a la ya famosa monografía para afirmar con rotundidad que Gadir es y ha sido siempre un pintor notable.

(…) Pinceladas salvajes y maestras de devorador (no logro recordar a nadie que posea tal facilidad) sobre las que, sin embargo, ha de reinar Rosa, su musa, esposa y modelo diez mil veces –no es un número figurado- retratada: la obra de Gadir (acaso el mejor dibujante erótico que ha dado nuestra tradición maldita) es y será siempre ese rostro y ese cuerpo: un caso único.

Javier Rubio Nomblot

 

 

 

Este libro de Diego Gadir es una hermosísima obra de arte en sí mismo (…) Diego Gadir, que podría dar la impresión de ser un Bukowsky de la pintura, curiosamente toca mucho la temática religiosa hasta el punto que he podido ver una obra suya en el Arzobispado de Sevilla.

Eduardo Sotillos

 

 

 

Sus dibujos -desnudos femeninos- son ejercicios magistrales de ilustración, imaginativos, iluminados a trazo abierto (…) Sus magníficas témperas nos recuerdan a los históricos fauves, sobre todo a Vlaminck. En esto de lograr la síntesis expresiva por el color el gaditano es un maestro. Sus óleos recorren paisajes y retratos sometidos a aquellos bellos cromatismos distorsionados que Matisse anunció.

Javier Urquijo  

 

 

 

Diego Gadir sigue acrecentando su rigor. Su trabajo mantiene absolutas cualidades para el dibujo y la pintura. Su fuerza está en sus desnudos, pero también en sus retratos o en su vertiente más contemporánea, cuando fragmenta los espacios del cuadro para diseccionar la mirada humana.

ABC Cultural